viernes, 10 de mayo de 2013

Descubriendo el indocto fantasma de tu nombre.

Casi no podía mover mi cuerpo, el tuyo me aprisionaba en la cama, ya no me quedaba mucho más que decir, ni escribir. Recuerdo ese trasnocho como si hubiese sido ayer, reconozco cada pedazo de grafito que encuentro en cualquier hoja que había escrito esa noche, te sentía tan cerca que podía acostarme sobre tus penas. Casi te despierto, y por no querer hacerlo lo hice, por la torpeza que me caracteriza, ya no podía hacer más nada por ti, pues ya estabas completamente hecha. Dejaste de mover tus brazos y me enrollaste con ellos, me pegaste a tu cuerpo y a tus sentires... ¡Ahhh! si tan solo pudiera saber quien eres tú, quien es esa desconocida que vive del otro lado de mi cama. Tenías un nombre muy distinto a todos en uno o varios de mis sueños, te conocía tanto que lo que menos me importaba era tu nombre, el nombre te lo ponía yo, el nombre era mío y nadie lo conocía si no era yo, te llamará como te llamará me respondías. Te gustaba cada linea que estaban allí escritas, me las ingenie y en cada linea estaba tu nombre sin que te cansarás de leerlo, el nombre que nadie sabía, pero que al tú leerlo sabías que era yo quien te lo escribía. El silencio era mi mejor arma, las lágrimas que caían de tu rostro se secaron, y no fui yo el que lo hizo, el tiempo se encargo de hacer eso y otras cosas más que por mis temores nunca hice, la noche aceleraba y con cada pulsación más quería conocer a cerca de ti, tantas hojas, tanta tinta, tanta vida que te había dedicado y no podía ser yo el que descubriera quien eras tú, te tocaba la parte más difícil, te tocaba saber que habías hecho contigo mismo, y que me habías hecho en el cuerpo, de que me hablabas cuando acariciabas mi pecho y te quedabas dormida sobre mi brazo... Aunque de siempre te conocí, nunca me dijiste quien eras, bueno, no toquemos el recuerdo, pues  no queremos salir quemados, mejor sigamos durmiendo en cada lado de nuestra cama, tú de tu frontera hacía allá, yo igual... Nuestros niños aún duermen, bajemos el volumen a nuestras letras... ¡Shh! como si nunca nada nos hubiese roto el alma, hagamos el silencio y nunca lo intercambiemos por el amor, como antes lo hacíamos... 







                                             Cartas al desconocido que vive del otro lado de mi cama.

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