sábado, 6 de abril de 2013

Y allí estabas...

La noche me cerraba los ojos, aún cuando tus besos abrían mi recuerdo. Era una de esas noches que mueren al comenzar una travesía a base de lápiz; sin mucho despertar pero con tantos sueños me dedicaba a hacerte realidad en mi papel, te mesías tan suave en nuestra cama que me entraban ganas de soñar contigo, pero no podía, era tu hora de soñar conmigo, tenías tantas ideas de como resolver el enigmático suceso de la noche anterior, tus respuestas eran todas mis preguntas. Silenciando la noche, callando tus ojos, meneando tu cabello, besándome en tus sueños, susurrándome palabras que nunca había escuchado de ti y que me describían como era yo para ti en aquellos sueños; me sorprendiste mucho cuando dijiste que en mi pecho era que te sentías más cerca de ti misma, cabe destacar que en tus pecas es que mis escritos son basados, noté como se te salían unas tibias palabras en modo de susurro que me reclamaban el porque yo nunca había luchado por y para ti, lloraste, lloraste y seguiste llorando, y es que allí estabas llorando y sin yo poder secarte las lágrimas, jamás imagine como serían tus cachetes desgastados por tanto llorar, allí seguías, acariciabas inconsciente y consistentemente tu sabana. Empezaste a sonreír cuando tropecé con tu mano y enseguida la tomaste para ti, me agarrabas fuerte querías que me quedará contigo aún cuando no podía ser yo el que calmará tu ansiedad, cuidaba con mucha cautela que mis lágrimas no mojarán tu piel, quizás y podías despertarte, no era tan fuerte como tú, me enseñabas como serlo con cada segundo que te observaba, desparramabas una sonrisa que me decía que todo estaba bien y que entendías muchas cosas...  Y que nunca te irías...




                                          Cartas al desconocido que vive del otro lado de mi cama.

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