domingo, 15 de abril de 2012

Te cuento mi historia, En la orilla del mar.

Te cuento la historia de mi vida a la orilla del Mar, Ese día el sol me perseguía, Jugaba a las escondidillas con las nubes, Yo por supuesto llevaba mi sombrero, Aquel día quizá y fue mío, quizá y no lo encontré... Jugando con los niños en la arena allí estaban con las manos llenas de barro, pero con una felicidad casi incontable, tal ves disfrutaban de ver como su forma de arena iba jugando en su imaginación construyendo allí un castillo o que se yo..Quizá y nunca se fijaron en las preocupaciones de un sol callado, o de aquella linda forma que hizo una nube a plena vista de ellos, No recuerdo muy bien cual era, quizás y nunca fue una forma, pero mi terca y cansada mirada se las ingeniaba para acabar formandola, eran cerca de las 6 pm, o ese acabo acertando, ya la luna se quitaba el velo del día y se dejaba ver al norte del muelle... caminando entrecortandamente, conociendo lo que la naturaleza desvelaba en mi cuello, palpando cada toma de viento que soplaba junto con la bruma del mar que retorcía mis pensamientos, Decidí acostarme en la orilla, la tarde se veía cansada, ya dándole espacio para el show de la noche, roedores salían de sus cuevas, los búhos sobrevolaban el firmamento, mis parpados cansados de el trajín por el que te pasa el día, se dejaron caer, abriendo así otra ventana en mi imaginación, silenciosa pero ruidosa en mi mente, los pájaros cantaban, ya ese pedazo de queso nocturno alumbraba el mar, con mis manos pegadas a la arena de esa orilla, nunca llegué a sentir las caricias de la noche, las risas de los niños despertaron mi consciente, apreté mis puños pegados a la arena y con un leve empujón ya estaba de pie de nuevo, sentado en esa orilla con la barba repleta de arena y con unos cuantos palos prendidos en fuego, me deleitaba mirando el mar, ese bochornoso mar que se tragaba a sus muertos, soberbio en su arrogancia, recuerdo muy bien cuando ese mismo Mar alzo su voz, y se dejo entrever su poca cordura, levantando una ola en forma de ruido, dejándome solo con la desnudez de la noche, mis dedos junto con mis brazos estiraron su limite, pero sin ningún tipo de éxito, esa noche en la que la soberbia de Mar acabo llevando mi sombrero viejo, pero con manchas que una vez marcaron mi vida, y tras su costura se fue mi alma, llevando consigo el fuego que servia de compañía en esa ilustre noche... Bañando así con su desgraciada agua fría las cicatrices de mi antaño, dejando mi cuerpo y mi barba limpios pero sin mi sombrero y mi fuego, aquella noche es una de esas que se vuelven recuerdos que no mueren al olvidarse, aquella noche fue mía y yo nunca la reclame, me deje llevar por las lagrimas, ese Mar tan cobarde luchando contra un mortal, se dejo ver su lado más canalla, ya había pasado, contando solo con la luz de la noche y uno que otro reflejo de barcos que se oían y se dejaban ver sus faros, aclarando un poco mi vista, me dispuse a levantar mi cuerpo de la orilla, caminando con tropiezos, y una que otra marca de sangre en mi pies, ya mis ojos junto con mi vista e cerraban, efectos de los años... Caminaba por aquella orilla, luego de muchos tropezones, Por fin, había llegado a mi encuentro con el muelle, sentado admirando el silencio de la noche, me deje vencer por el sueño, puse mis barbas a disposición de el, busque y busque mi mejor postura para descansar ya de la vida, mis huesos se habían puesto tediosos, logre acomodarme la camisa, empapada dejaba caer pequeñas gotas bañando el lugar del muelle, donde reposaban mis ganas de volver a abrir mis ojos, me eche a dormir confiando en la calidez de la luna... Nose porque les conté esta historia, igual podría haber contado otra, pero así sucedió...

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